Un señor va al dentista pues tenía los dientes muy amarillos. Llega donde el dentista y le dice:
Doctor, tengo los dientes amarillos, ¿Qué me recomienda?
El doctor responde, corbata marrón.
__________________
Versión para Imprimir
Un señor va al dentista pues tenía los dientes muy amarillos. Llega donde el dentista y le dice:
Doctor, tengo los dientes amarillos, ¿Qué me recomienda?
El doctor responde, corbata marrón.
__________________
El jefe, enfadado le dice a la secretaria:
- ¿Es que no oye el teléfono señorita? ¿Por qué no contesta?.
- ¿Para qué, si todas las llamadas son para usted?.
El gerente estaba en su oficina y llega la secretaria y le dice:
Señor, tiene una cita.
¿Con quién? Pregunta el gerente.
Con el hombre invisible.
Dígale que no lo puedo ver.
Estando yo en el quinto piso de un edificio, decidí tomar el ascensor para ir a la planta baja. Conmigo entraron dos secretarias y una de ellas preguntó:
¿Cuál botón aprieto?
A lo que la otra contestó:
Pues, el que dice pb, ¿No ves que vamos pa' bajo?
Ring, ring, suena el teléfono a las cuatro de la mañana, al descolgar se oye una voz que pregunta:
Aló, aló, ¿La familia Silva?
Una voz dormilona contesta:
¡No tarado, la familia duerme!
El señor de la casa llama por teléfono y contesta la empleada:
¿Ha llamado algún imbécil, María?
No, usted es el primero, señor.
Habiendo marcado equivocadamente un número telefónico, al comunicarse por larga distancia, una señora pregunta en tono angustiado.
¿Ya llegó Julio allí?
Una voz profunda respondió:
No señora, no sé de que parte del mundo llama usted, pero aquí todavía estamos en abril.
Una vez un hombre llama a una casa y coge el teléfono el sereno (el guardián) y el hombre le pregunta:
¿Y mi esposa?
Y el sereno responde:
En su cuarto.
Luego el hombre dice:
¿Con quién?
Con un hombre, le responde el sereno.
¡Diantre! ¡Mátela! Dice el hombre.
No, no, yo no puedo hacer eso.
Claro que sí, yo le doy esa orden, dice el hombre.
Esta bien, esta bien, y mata a la mujer.
Ya la maté, dice el sereno.
Y el hombre le responde;
Ahora sáquela de ahí y métala a la piscina.
Pero señor, aquí no hay piscina dice el sereno.
¿Este no es el teléfono 232-5492?
No, dice el sereno.
Ah pues, ¡Perdóneme!
Un empresario multimillonario tenía entre sus múltiples valores, miles de hectáreas de tierras fértiles, cientos de miles de cabezas de ganado fino y una preciosa hija de 18 años heredera de todas sus riquezas. Un día nuestro millonario organizó una reunión en su mansión a la cual invitó a toda la alta sociedad del país, y al llegar la media noche, descubrió una piscina de 500 metros con las paredes extra altas en tres de sus lados, en los primeras 100 metros de la piscina había colocado pirañas sudamericanas, en el segundo tramo cocodrilos del Africa, luego barracudas del caribe, después anguilas eléctricas y finalmente tiburones australianos.
Nuestro hombre reunió a todos sus invitados en uno de los extremos de la piscina y les dijo:
Creo que la juventud está perdida, ya no hay hombres en este mundo, por eso si hay un macho en esta fiesta, lo reto a cruzar esta piscina. Al que lo haga le daré a escoger entre la mitad de mis tierras, el 50% de mi ganado o la mano de mi única hija y heredera. No había terminado de hablar el empresario cuando un joven se lanza a la piscina, la cruzó y salió por la otra orilla, el viejo emocionado le dijo:
Nunca creí ver valor como éste antes de morir, dime muchacho, ¿Quieres la mitad de mis tierras?
No, contestó rápidamente el joven.
Entiendo lo que quieres, es el 50% de mi ganado, razonó el millonario.
Tampoco, replicó el joven.
Ah, lo que quieres es ser mi yerno, y único heredero.
No quiero nada de eso, grito el muchacho.
Y entonces, ¿Qué quieres? Preguntó confundido el millonario.
Quiero saber, ¿Quién fue, el que me empujó a la piscina?
Como el juez prometió ser tolerante esta navidad le pregunta a un acusado:
Hombre, ¿De qué se le acusa?
De haber hecho mis compras navideñas con anticipación.
Hombre, pero eso no es un delito, ¿Con cuánta anticipación las compró usted?
Antes que abrieran la tienda.