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Había dos campesinos conversando y uno le dice al otro:
¿Por qué no vamos a robar vacas al fundo de nuestro patrón?
A lo que el otro responde entusiasmado:
¡Esta bien!, pero disfracémonos de vaca también para que no nos reconozcan.
Entonces se ponen un disfraz y van a robar vacas con una escopeta, cuando de repente uno le dice al otro:
¡Hey, dame la escopeta, rápido!
Y el otro dice:
¿Por qué, acaso viene una vaca?
Entonces el otro campesino le dice asustado:
¡No, un toro!
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Un campesino llega a una panadería:
Guenas tardes, mi dijo la señora qui preguntara si ya salió el pan.
Sí, acaba de salir, responde el panadero.
Oiga, ¿Y cómo a qui oras regresará?
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Están unos compadres platicando y se les aparece el diablo diciéndoles que si adivina sus nombres se los llevará con él, únicamente le tienen que decir con qué letra empieza su nombre, entonces uno de los compadres le dice que su nombre empieza con "j", después de muchos intentos y no poder adivinar el nombre, el diablo se da por vencido y le pide que diga su nombre, entonces el compadre le dice:
Me llamo jelipe.
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Estaba un grupo de turistas recorriendo los bellos rumbos de un poblado rústico en un país; en eso uno de ellos ve a un campesino tirado a la sombra de un árbol descansando. El turista se le acerca y le busca conversación:
Hola amigo, ¿Cómo está ud. ?
Muy bien jefe, aquí descansando.
Dígame, por qué usted no trabaja más por sus tierras.
¿Y para qué?
Para tener grandes cosechas y vender más.
¿Y para qué?
Asi ud poder ganar más dinero y comprar ganado.
¿Y para qué?
Con el ganado hacer reproducir y vender y ganar más dinero.
¿Y para qué?
Para tener una casa bonita y vivir tranquilo y descansar.
¿Y qué estoy haciendo?
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Un campesino harto de su vida se quería suicidar, entonces se sube a un árbol para colgarse, y en lo que está por aventarse, se rompe la rama, y se saca la mugre. Viéndose en el suelo todo maltratado dice:
¡Ay, por querer suicidarme casi me he matado!
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Dos amigos, Juan y Manuel, se van a cazar al campo, y al llegar al punto de encuentro Juan le dice a Manuel:
Compadre, ¿tienes cartuchos para prestarme?, es que se me han olvidado en casa.
Es que sólo tengo dos, y si te doy uno no voy a cazar nada, respondió Manuel.
Venga ya, entonces yo, ¿me quedo con los brazos cruzados o qué?, insistió Juan.
Está bien, toma uno, vete por aquel lado y yo me iré por este, y dentro de media hora nos vemos aquí, ¿vale?, cedió Manuel.
Venga.
Entonces se marchan y vuelven a la media hora:
Hombre Juan, ya era hora, ¿has cazado mucho?, preguntó.
Dos perdices y una liebre, respondió.
¿Y cómo lo has hecho?, preguntó Manuel.
Nada, salieron volando dos perdices a la vez, una liebre saltó, y de un escopetazo me lo llevé todo por delante, ¿y tú que has cazado?, preguntó.
Pues yo, nueve perdices, y diez tórtolas, respondió Manuel.
¿Y cómo lo has hecho?, preguntó Juan sorprendido.
No lo sé, pero tengo un dolor de brazo de tirar el perro para arriba.
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Un campesino baja al pueblo con su caballo, y lo amarra frente a la estación de policía, y al amarrarlo el animal se surra en la banqueta del lugar y al verlo un gendarme le dice:
Oiga señor, yo le daré parte de esto al jefe.
El campesino le contesta:
¡Si quiere déselo todo, que a mi, no me va a servir!
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Dos campesinos se encontraban en un bar y uno le dice al otro:
En mi pueblo se dan unas calabazotas grandotas, pero grandotas, como de 2 metros.
Y el otro le contesta sorprendido:
¡No me diga!, y para no dejar mal a su pueblo, él también le dice:
En mi pueblo se hacen unas cazuelotas pero cazuelotas, como de 2 metros.
Y el otro le pregunta:
¿Y para qué son esas cazuelotas?
Y le contesta:
Bueno, ¡Es para cocinar sus calabazotas!
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Un turista que pasea por el campo ve una granja y pregunta al dueño:
¿Pone muchos huevos esa gallina blanca?
Hasta ahora ninguno, responde el campesino.
¡Que contento se pondrá usted cuando ponga el primero!
Figúrese, venderé huevo y ave a peso de oro.
¿Por qué?, inquiere extrañado el turista.
Y el granjero le contesta:
Pues, porque esa gallina, ¡Es un gallo!
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Un individuo de la ciudad llega a un rancho y tiene la necesidad de trabajar, pero no sabe nada de rancho inclusive no conoce los animales, ni como montar un caballo. Le asignan el trabajo de cuidar las chivas y al siguiente día se va al monte y cuando regresa por la tarde muy cansado, el patrón le preguntó que cómo le había ido con el rebaño a lo que le contesta, que muy bien pero solo un animal le había dado mucho trabajo, porque nunca lo podía alcanzar y el patrón le preguntó que cuál era el animal en cuestión, y éste contestó:
Aquella chiquita y orejona.
El patrón le dijo:
Esa no es una chiva, es un conejo.