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Un hombre entra al confesionario en una Iglesia: - Padre, ...me quiero confesar!. Sí hijo, dime, ¿cuáles son tus pecados? - ¡Padre... he sido infiel a mi esposa. Soy productor de cine y hace unos quince días me acosté con Jennifer López! - ¿Algo más que confesar hijo?
- Sí padre; la semana pasada... fui débil... y... también me acosté con Nicole Kidman y Julia Roberts!!
- Epa !!!... ¿algo más hijo? - ¡Sí padre, esta semana no he podido contenerme, ni resistirlo y participé de una fiesta con Cameron Díaz y Cindy Crawford a la vez, y necesito el perdón de Dios...!
- Lo siento hijo, pero no te puedo absolver...
- ¡¿Pero...?!, ¿Por qué no Padre, si la misericordia de Dios es infinita? ¡¡¡Sí, pero ni Dios te va a creer que estás arrepentido!!!
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La economía del hogar se encontraba bastante deteriorada, así que el esposo buscando soluciones le propone a su mujer:
—Si aprendieras a planchar, a cocinar y a hacer otros trabajos en la casa, podríamos despedir a las sirvientas y ahorrar algún dinero.
La esposa lo piensa un momento y responde:
—Es cierto, pero si tú aprendes a cumplir con tus deberes conyugales en la alcoba, podríamos despedir al conductor y al jardinero...
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Un buen día, el párroco de un pueblo se encontró indispuesto con unos fortísimos dolores abdominales. Dado el grave estado en el que se encontraba, le trasladaron a la residencia, donde fue intervenido con urgencia. Mientras el cura se encontraba dormido por los efectos de la anestesia, en la habitación de al lado una joven madre soltera daba a luz un precioso retoño. Desgraciadamente, la joven madre murió y el equipo médico se planteó que hacer con el niño.
Uno de los médicos, tras mucho cavilar, dijo:
– Mirad, vamos a adjudicárselo al cura, al fin y al cabo, el hombre le dará una buena educación.
Dicho y hecho, al despertar el párroco se encontró con él bebe en su regazo, asustado pregunto:
– ¿Pero esto que es?
El medico se acercó y le dijo:
– Mire, este es el origen de sus dolores de barriga….
– Pero, si esto es imposible.
Dijo el cura. El médico le respondió:
– No, hombre, con lo que han evolucionado los tiempos, ahora los hombres se pueden quedar embarazados…
El cura se quedó pensativo decidiendo que hacer con el niño. Y pensó:
– Bueno, cuando vuelva al pueblo, diré que es hijo de una hermana mía que ha fallecido y yo me haré cargo de educarlo.
El párroco volvió así al pueblo y contó su historia. No sin algún recelo, los habitantes del pueblo se acostumbraron a ver a partir de aquel día al nuevo vecino que fue bautizado con el nombre de Juan.
Pasaron los años y el cura se hizo muy mayor. Cuando Juan contaba 25 años, el cura enfermo y, en su lecho de muerte, dijo:
– ¡Que venga Juan! ¡Que venga Juan!
El joven corrió al lado del cura:
– ¿Que quiere tío?
El cura, haciendo acopio de valor le dijo:
– Mira Juan, tengo un gran secreto que contarte, y antes de morir debo decírtelo…
Juan interrumpió al párroco y le dijo:
– Tranquilo tío, no hace falta, desde hace años ya me he imaginado que en realidad es usted mi padre.
Y armándose de valor el cura le dice:
– ¡No!… Yo soy tu madre…., Tu padre es el Arzobispo de Cuenca
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Estaba un filósofo y un indígena, y dice el filósofo:
- Yo te voy hacer una pregunta, y si tú la respondes correctamente yo te doy $1.000, y sino me la respondes tú, me das $1 y tú también me vas hacer una pregunta, y si la contesto correcta, sólo me pagarás $1, y sino te doy $1.000.
Entonces, pregunta el filósofo:
- ¿Cuál es la mitad de 10?
Entonces, el indígena dice:
- Ah pos, no sé.
Y el indígena le da $1 porque no le pudo responder. Entonces el filósofo le dice la respuesta correcta, que es 5.
Le toca el turno al indígena, y el indígena la pregunta:
- ¿Cuál es el animal que cuando sube al cerro, sube con 4 patas, y al bajar vuelve con 5 patas?
Entonces, el filósofo le dice al indígena:
- ¡Está muy difícil, no la puedo contestar, toma tus $1.000!.
Entonces se van los 2, y el filósofo se dice:
- Tengo que saber la respuesta, vuelve con el indígena, y le dice...
- Oye, pues no sé, pero por favor dime la respuesta, entonces el indígena le contesta:
- Ah pos, yo tampoco sé, toma $1.
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Esta era una carrera en el viejo oeste estaban compitiendo un vaquero y un indio. Arrancan, van muy parejos en toda la carrera y ya en el final, el vaquero se echa un gas y sale como alma que se lo lleva el diablo y gana la carrera. Después llega el indio y le dice todo cansado:
Tú hacer trampa, tú tener motor en el trasero.
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Eran dos indiecitos que se iban a casar y le dice el juez al indio:
A ver, firme aquí.
Pos no sé firmar.
Entonces el juez dice:
Bueno, la huella.
Y el indiecito le contesta:
¡No pos ella tampoco!
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Un indio en el registro civil:
¿Es usted casado?
Sí senior.
¿Con prole?
No senior, con Lupe.
¡Prole quiere decir HIJOS!
Ah sí, tengo un prolo y una prola.
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Llega un indio con el jefe y le dice:
-Jefe yo no querer llamarme nube blanca que va enviando mensajes por el aire-
-Y ¿Cómo querer llamarte?-
-Fax-
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Llega un indio con el gran jefe toro sentado y le dice:
Gran jefe, mí querer cambiar nombre.
A lo que el gran jefe toro sentado le contesta:
Muy bien, como tú llamar.
Mí llamar viento veloz.
Ah, y cómo querer llamarte.
Yo querer llamarme aire acondicionado.
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No es lo mismo tu hermano en el jardín del edén a que le den a tu hermano en el jardín