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Un tipo se encuentra una lámpara, la limpia y de ella sale un genio diciéndole que está muy agradecido por haberlo liberado y que por consiguiente le concederá un deseo. El tipo le pregunta:
- ¿Lo que yo quiera?
El genio le contesta que sí y le dice:
- Lo que para mí es un segundo, para tí es una eternidad y lo que para mí es un centavo para tí es un billón de dólares.
Entonces el tipo dice:
- Dame un centavo.
Y el genio contesta:
- Si como no, esperate un segundo.
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Había una vez un hombre que se encontró una lámpara mágica, entonces la frotó y salió un genio.
El genio dijo al hombre:
Yo te puedo conceder dos deseos.
Y el hombre le contestó:
Quiero, estar rodeado de muchas mujeres bonitas, al ver cumplido su deseo dice asombrado: ¡Me quiero morir!
Y el genio dice:
Concedido tu deseo.
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Un hombre entra en un bar con una boya bajo el brazo y una bolsa de plástico en la mano. Se dirige al camarero y le pide una copa. El camarero curioso le pregunta:
Oiga, ¿Me permite preguntarle que hace con esa boya?
Es que paseando por la playa me encontré esta bolsa de plástico, la abrí y ví una botella, la destapé y salió un genio que me concedió un deseo.
Venga hombre, que ya soy mayorcito para que me tome usted el pelo.
Que si, hombre, mire se lo demostraré.
El hombre saca la botella, la destapa y aparece un genio muy solemne que le dice al camarero:
¡Te concedo un deseo, pide lo que quieras!
El camarero casi sin contener la emoción exclama:
¡Quiero que me des un millón de perlas!
¡Concedido!
Y al instante el bar aparece lleno de velas encendidas.
El camarero atónito exclama:
¿Y para qué coño quiero yo un millón de velas?
A lo que el visitante contesta:
¿Y para qué quiero yo una boya de 25 centímetros?
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Cierto día un hombre encontró una botella, al destaparla se dio cuenta que tenía un genio.
Este le dijo: Te concederé tres deseos.
Muy bien dijo el hombre, mi primer deseo es tener mucha lana (dinero)
Concedido dijo el genio y lo convirtió en oveja.
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Erase una vez un hombre jugando al golf que al acomodar la primera pelota oye que ésta le habla:
¡No me pegues! ¡No me pegues!
El hombre mira con asombro a la pelota y piensa que alguien le está jugando una broma y no le da mayor importancia. Cuando se acomoda para volver a pegarle siente que la pelota vuelve a hablarle:
¡No me pegues! ¡No me pegues!
El hombre asombrado levanta la pelota y ésta le dice que es un genio encantado y que si lo libera, frotando la pelota le concederá tres deseos.
De la pelota sale un elegante genio y le dice:
Te concederé tres deseos con la única condición de que cada deseo que tú me pidas te lo daré, pero le concederé lo mismo a tu esposa multiplicado por 5.
El hombre entusiasmado le dice que no tiene problemas y que su primer deseo era 1.000.000 de dólares.
Entonces, el genio le concede su millón y a su esposa 5 millones.
El segundo deseo es el último Mercedes coleccionable de un color que nadie tuviera. Entonces, el genio le da su auto y 5 para su esposa.
Bueno le dice el genio:
Te falta tu último deseo, piensa bien lo que pedirás.
Está bien le contesta el hombre muy emocionado dice:
Quiero un ataque al corazón así de chiquitito.
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Viene un vagabundo caminando, cabizbajo y triste cuando de pronto, en el suelo, ve una lata de sardinas. Sin interrumpir su paso, le da un puntapié a la lata y sin esperarlo; sale un genio de adentro del envase y le dice:
¡Oh!, vagabundo, por haberme salvado te concederé un deseo, pide.
El vagabundo, repleto de alegría le dice:
¡Genio!, yo quiero una casa bien grande, bien grande, con columnas de mármol y fuentes de...
En eso el genio lo interrumpe:
¡Tonto!, acaso ¿No me ves a mí viviendo en esta lata de sardinas?
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Le dice un cuate a otro:
Sé que te apodan el genio, ¿Pero por qué abren una botella y luego te apareces?
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Cierto día un hombre encontró una botella, al destaparla se dio cuenta que tenía un genio y éste le dice:
Te concederé tres deseos.
A lo que el hombre responde:
Muy bien, mi primer deseo es tener mucha lana (dinero).
Entonces, el genio le dice:
¡Concedido!
Y lo convirtió en oveja.
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¿Bailamos?
- Claro. ¿Pero quién saca a mi amiga?
- Ahhh, por eso no te preocupes. ¡SEGURIDAAAAD!
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Tía Teresa, ¿para qué te pintas?
- Para estar más guapa.
- ¿Y tarda mucho en hacer efecto?