La amenaza helada
Lo primero que viene a la mente al pensar en los peligros del mar son los vientos rugientes y las olas traicioneras. Pero para un competidor oceánico alrededor, hay otro enemigo que merodea en las grises, oscuras y desiertas aguas de los Mares del Sur: el riesgo de colisión con hielo que va a la deriva se hace cada vez más presente a medida que los barcos profundizan en las altas latitudes del Hemisferio Sur. Es por este motivo que los organizadores de la Barcelona World Race han tenido que establecer Puertas de seguridad contra el hielo, de modo que esta regata alrededor del planeta sea más segura.
Hoy, cuando Sébastien Josse recuerda qué sucedió el 23 de diciembre de 2004, la memoria todavía le hace venir escalofríos. “Pasé de ir a 12 nudos a estar completamente parado, dijo ese día, fue violento. Nada daba indicaciones de que hubiera hielo por delante, y debería haber estado en la cubierta para verlo”. El patrón francés, que competía en la Vendée Globe de 2004, acababa de colisionar con un iceberg del tamaño de un enorme mueble. La proa de su IMOCA Open 60 VMI sufrió graves daños, algo que hizo que no pudiera izar las grandes velas delanteras durante el resto de la regata... pero habría podido ser mucho peor. Delante de la perspectiva del mismo encuentro, arremeter a sotavento con el barco a 25 nudos, solo se puede temblar de miedo. Tres días antes de la colisión de Sébastien, los guardacostas de Nueva Zelanda habían informado a la dirección de la regata de la presencia de quince enormes icebergs ubicados a escasamente 300 millas al este de la Isla de Campbell, precisamente en el área donde Vincent Riou y Jean Le Cam navegaban. Riou alteró su rumbo para evitar el campo de minas, mientras que Le Cam enviaba actualizaciones regulares acerca de sus observaciones. Entre los bloques que se observaron, el tamaño de uno de casi un cuarto de la isla de Groix, frente a Lorient (recuerden que quien hizo la estimación era un navegante bretón), aproximadamente tres millas cuadradas.
Ni que decir tiene que la supervisión del hielo a la deriva se ha convertido en un tema de gran importancia para los organizadores de los acontecimientos alrededor del mundo, y el Equipo de dirección de la Barcelona World Race, después de consultar a los patrones, ha ubicado tres puertas de seguridad contra el hielo en los Mares del Sur. La primera (Puerta de seguridad contra el hielo A), está a 1.000 millas al suroeste de Ciudad de Cabo; se deberá dejar a babor un punto de esta línea de este a oeste invisible al salir del Atlántico Sur. La segunda puerta (B) es un hito real, puesto que también se deberá dejar a estribor la inhabitada Isla Heard, algo que aparta los barcos de los peligros potenciales del sur. Por último, la Puerta de seguridad contra el hielo C está situada a medio camino entre Nueva Zelanda y Suramérica, en las profundidades de los Cincuenta Aullantes, la parte más remota del recorrido de la regata; aquí, una vez más, debe dejarse a estribor un punto de esta línea de este a oeste virtual. Sylvie Viant, la Directora de la regata, puede alterar la posición de las puertas si los informes de hielo indican un mayor peligro para la flota; de todos modos, se ha acordado un límite de tiempo para realizar esta alteración.
Puesto que el 2007 marcó el inicio del 4º Año Polar Internacional (ver el cuadro), actualmente se están llevando a término importantes programas científicos en ambos Polos, y evidentemente la supervisión del hielo a la deriva es uno de los aspectos en los que se centra la comunidad científica, especialmente porque es un buen indicador de la evolución del clima. Preguntamos a Yves Frenot, el Subdirector del Instituto Polar francés, a cargo del proyecto Concordia (Proyecto europeo para la extracción de núcleo de hielo en la Antártica, EPICA), qué roturas de hielo importantes se han observado durante los últimos años. “En el sur, explicó, de vez en cuando se rompen grandes pedazos de hielo, como vimos el año pasado, y pueden causar problemas a los barcos, pero es algo que sucede poco. La corriente alrededor de la Antártica es muy regular y es bastante excepcional que el hielo suba por encima de 50º sur. En 2006, tuvimos un importante incidente en el conjunto glaciar a principios de la temporada, algo poco usual: a mediados de octubre frente al territorio antártico francés Terre Adélie, una fuerte tormenta quebró el conjunto glaciar y después la temperatura no era suficientemente baja para que el hielo volviera a formarse; pero esto es un caso especial, que no debería considerarse como una norma”. El incidente al que se refiere Yves Frenot provocó la llegada, en noviembre de 2006, de un iceberg que se podía ver desde tierra, frente a la costa del sur de Nueva Zelanda... un fenómeno que no había sucedido desde 1931, de acuerdo con Mike Williams, oceanógrafo en el Instituto nacional de investigación acuática y atmosférica. Unos meses antes, en marzo de 2006, un satélite registró un bloque de hielo, de alrededor 30 km de largo y 16 de ancho, que se rompió en la parte oriental del Mar de Weddell, mientras que en 2005, el iceberg B-15ª (Los nombres dados a los icebergs derivan del cuadrante del Antártico donde se observaron por primera vez) golpeó el bloque glaciar, haciendo que se rompieran dos bloques del tamaño de una ciudad media. Frenot continúa: “El continente de la Antártica representa 14 millones de kilómetros cuadrados y contiene el 75% del agua fresca del planeta en forma de hielo. Esto puede alcanzar un grosor de hasta 4.000 metros. El clima es mucho más frío que en el Ártico y en la mayor parte del continente, las temperaturas varían entre -30º en verano y -60º en invierno, así que unos poco grados más a nivel global no afectará mucho, exceptuando en la costa. Allí podríamos ver una aceleración en la ruptura del hielo y, por lo tanto, un mayor riesgo de formación de icebergs... Es todo hipotético y, de acuerdo con una conversación que mantuve recientemente con un experto en glaciología, simplemente es una posibilidad”.
Un vistazo al Año Polar Internacional
El Año Polar Internacional (API), que empezó el 1 de marzo de 2007, es la cuarta edición de esta importante campaña iniciada en 1882, que une a científicos de muchas áreas de investigación diferentes. Partiendo del principio que los fenómenos geofísicos no se pueden tratar de forma unilateral, 12 naciones se reunieron para establecer una serie de misiones de observación, uniendo sus medios técnicos. La segunda edición, en 1932-1933, estuvo dedicada al estudio de las corrientes en chorro, que se habían descubierto recientemente. En 1957-1958, los países implicaron la tecnología de los radares militares para llevar a término sus observaciones, mientras que el tercer Año Polar se realizó dentro del marco del Año Geofísico Internacional (AGI): podemos añadir que fue en esta ocasión que se aprobó la teoría de la deriva de los continentes, que hasta entonces había sido muy controvertida. El cuarto Año Polar Internacional, que empezó la primavera pasada, implica una gran campaña de investigación (con más de 200 proyectos anunciados) tanto en el norte como en el sur. Entre los programas, podemos destacar la “Expedición Damocles” (Desarrollo de la elaboración de modelos árticos y las capacidades de observación para estudios medioambientales a largo plazo), con la goleta Tara como base. El barco, anteriormente dirigido por Jean-Louis Etienne y el difunto Sir Peter Blake, merodeará durante dos años entre 82º N y 150º E para registrar datos precisos relacionados con la reacción del hielo del Ártico al aumento global de las temperaturas.
La Antártica, una reserva natural
Ratificado en Washington el 1 de diciembre de 1959 por doce países, a los que pronto se unieron 30 más con el Año Geofísico Internacional, el Tratado de la Antártica reconoce “(...) que es el interés de toda la humanidad que la Antártica siga utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no se deberá convertir en la escena o el objeto de discordia internacional (...)”. Al ser atacada seriamente a finales del siglo veinte por algunos países, “compañías mineras y petrolíferas disfrazadas”, como indicó finamente el miembro francés de la Academia Erik Orsenna, el tratado se vio reforzado finalmente por un protocolo que entró en vigor en 1998. Un protocolo donde se puede leer esta frase: “Las Partes se comprometen a la completa protección del entorno de la Antártica y de los ecosistemas dependientes y asociados. (...) Se prohibirán todas las actividades relacionadas con los recursos minerales que no sean para la investigación científica.”
http://www.barcelonaworldrace.com

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