Nick Moloney que escribe para la canal móvil de la Volvo Ocean Race, lleva mucho tiempo navegando en el Océano Austral, tanto con tripulación como en solitario, y entiende perfectamente el equilibrio delicado entre la vida y la muerte allí abajo.

Como en todas las regatas oceánicas, constantemente somos conscientes de la gran amenaza de hielo y lo que pasaría si un barco chocara contra un obstáculo como el hielo (de cualquier tamaño) cuando se está navegando ciegamente a altas velocidades.

Los waypoints de hielo que ha establecido la organización de la Volvo Ocean Race reducirán el riesgo de una colisión con el hielo, pero otro peligro más imponente y real es la amenaza del hombre al agua.

Cuando hay condiciones climáticas extremas y la visibilidad es mínima, un hombre al agua se reduce a dos posibilidades: la vida o la muerte.
Al navegar en estas condiciones no se puede permitir que un hombre caiga al agua, y una tripulación preparada hace todo lo posible para evitar este fatídico hecho. Los tripulantes deben llevar siempre el arnés y moverse por el barco con muchísimo cuidado. Siempre se debe tener claro cual es el procedimiento en el peor de los casos. Además de mal tiempo y las condiciones de mar, tanto la tripulación como el barco navegan al máximo, lo que es un riesgo adicional de que un tripulante se caiga al agua. La proa es la zona más abierta y más peligrosa del barco, pero la cantidad de agua que pasa por encima del Volvo 70 aumenta el riesgo para toda la tripulación.

Una cosa que me sigue sorprendiendo y es como aprendemos a identificar nuestros compañeros con cero visibilidad. Durante la noche, cuando todo está totalmente oscuro y el indicador de velocidad está en la zona roja, lo primordial es pensar en y proteger a los compañeros.

Las maniobras a menudo requieren una comunicación constante y clara y los Volvo 70 necesita toda la tripulación para efectuarlas. De repente, todos los tripulantes están en cubierta y es importante saber quién es quién para evitar los errores. Increíblemente se aprende en seguida como identificar a los compañeros, incluso cuando solo se puede ver formas oscuras sin cabezas o caras. La manera de moverse, la estatura o la coordinación de cada uno dice mucho: si se mueven gateando, si son zurdos, ¿bajan la cabeza o apartan la cara para esquivar una ola?, ¿Se mueven de rodillas o esperan entre olas y van corriendo de un lado a otro?

Los sonidos y los ruidos son imprescindibles y el tono de voz puede expresar una situación urgente. Toda una serie de sonidos ayuda a la gente entender lo que está pasando sin tener que hablar o mirar los instrumentos.

Al arreciar la fuerza del viento de forma repentina los estays que soportan el mástil emiten un gran golpe y al perder el rumbo, el timón recibe aire y suena como si alguien carraspeara, lo que significa una pérdida inminente de control. En este momento hay que soltar velas y bajar la presión o el barco se va de orzada.

Afortunadamente los navegantes en la regata son profesionales y han tenido que aprender mucho y rápido para saber cuando quitar el pie del acelerador.

Cuando haya pasado más tiempo, habrán aprendido tanto de sus barcos que entenderán cada sonido y sabrán anticipar cada movimiento del casco encima de las olas. Sabrán inconscientemente como actuar antes de perder el equilibrio, y automáticamente encontrarán tierra firme para pisar. La mayor parte sabrán atender a cualquier tarea en el barco con los ojos tapados.

© Volvo Ocean Race 2005-2006