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Tema: Tenis comparte aquí todo sobre el tenis

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    Predeterminado Kyrgios, rival de Nadal

    Open de Australia

    Octavos de final
    Kyrgios, rival de Nadal tras una épica victoria: "Cuando hace de las suyas, no me gusta"



    Rafael Nadal, número uno mundial, se clasificó este sábado para octavos de final del Abierto de Australia al arrollar a su compatriota Pablo Carreño (30º) en tres sets (6-1, 6-2, 6-4). Allí le espera Nick Kyrgios, en un partido lleno de morbo.
    El australiano se impuso después en un épico partido a cinco set a Karen Khachanov: 6-2, 7-6 (7/5), 6-7 (6/8), 6-7 (7/9), 7-6 (10/8) en cuatro horas y 26 minutos. El ruso llegó a desperdiciar una bola de partido en el super tie-break final.
    "Rafa es un jugador increíble, aunque sólo estoy pensando en mis piernas y en comer algo para ser sincero. Él es un campeón y espero dar todo lo que esté a mi alcance. Lo que más me preocupa ahora es recuperarme bien", comentó Kyrgios tras vencer.

    "Sin ninguna duda, fue mi mejor partido del torneo hasta ahora. Hay una diferencia enorme entre hoy y los días anteriores", destacó tras su triunfo el tenista mallorquín, que busca en Melbourne conseguir su título número 20 del Grand Slam para igualar el récord de trofeos de esta categoría de su gran rival Roger Federer.
    Nadal ya habló sobre la posibilidad de tener que jugar contra Kyrgios en la siguiente ronda y recordó su poca afinidad con el siempre polémico jugador, conocido por su temperamento volcánico y sus declaraciones altisonantes. "Cuando está dispuesto a jugar su mejor tenis y juega con pasión, forma parte de los jugadores que añaden un plus a nuestro circuito. Pero cuando hace de las suyas, por supuesto que eso no me gusta", apuntó.
    La última vez que se vieron las caras fue en Wimbledon el pasado año, cuando Nadal pudo tomarse la revancha tras imponerse por un apretado 6-3, 3-6, 7-6(5) y 7-6(3). El español cuenta con un 4-3 favorable en los enfrentamientos directos. El australiano, sin embargo, cuenta con un balance a su favor en los partidos que disputaron sobre superficie dura, pues Kyrgios se llevó la victoria tanto en Cincinnati (2017) como en Acapulco (2019); mientras que Nadal se impuso en la final de Pekín en 2017.
    Tras su victoria de este sábado, Nadal también dijo que pudo ver "casi todo" el partido que jugó Federer en la víspera, el duelo en el que el veterano suizo estuvo cerca de quedar eliminado y solo pudo ganar a John Millman en el super tie break del quinto set, después de cuatro horas de partido. Ese duelo acabó en la noche del viernes al sábado, en horario australiano.
    "Pedí room service. Terminé comiendo muy tarde, así que decidí quedarme en la habitación. Estuve viendo series alternándolo con el partido. Pero vi la mayor parte del partido", contó Rafa. "Millman hizo un buen partido. Roger, en mi opinión, tuvo altos y bajos", analizó. "Todo puede ocurrir, pero Federer es Federer", sentenció.


    Fuente: El Mundo

    "Ser discutido, es ser percibido"


  2. #2
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    Predeterminado Horario y dónde ver el Nadal - Kyrgios

    Horario y dónde ver el Nadal - Kyrgios del Open de Australia






    El español tendrá una dura prueba en los octavos ante el excéntrico tenista australiano este lunes 27 de enero en la Rod Laver Arena






    Rafa Nadal disputará un partido con gran cartel a la par que morboso ante N ick Kyrgios en los octavos de final del Open de Australia este lunes 27 de enero. En la Rod Laver Arena, el australiano contará con el apoyo del público ante el número 1 del ranking ATP, con el que ha tenido sus más y sus menos fuera de la pista.
    Sin ir más lejos, el díscolo tenista oceánico, más conocido por sus excentricidades que por sus éxitos, imitó la rutina de Nadal en el saque en el partido que le enfrentó a Gilles Simon, provocando la risa de la grada, de su rival e incluso del juez de silla. El desencuentro entre ambos se remonta al torneo de Acapulco de 2019, cuando Kyrgios realizó un saque de cuchara que molestó a Nadal.

    Un saque de cuchara

    El desencuentro entre ambos se remonta al torneo de Acapulco de 2019


    En México, el australiano se llevó el partido pero para el recuerdo quedan las críticas del español hacia el de Canberra y la desafortunada respuesta de Kyrgios en Twitter con un emoticono de una jeringuilla y un fantasma. El balance entre ambos tenistas es favorable a Nadal con cuatro triunfos en siete partidos, el último en la pasada edición de Wimbledon.
    Con este contexto, el partido no empezará antes de las 9 horas y se verá por Eurosport, además de poder seguir el minuto a minuto a través de la web de La Vanguardia. Para llegar hasta octavos, Nadal se deshizo con facilidad de Pablo Carreño (6-1, 6-2 y 6-4 ), en su mejor partido en el torneo, mientras que Kyrgios sufrió para tumbar a Karen Kachanov (6-2, 7-6, 6-7, 6-7 y 7-6).

    "Ser discutido, es ser percibido"


  3. #3
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    Predeterminado Horario y dónde ver el Muguruza - Bertens

    Horario y dónde ver el Muguruza - Bertens del Open de Australia






    La tenista española se mide en octavos a la neerlandesa, número 10 del mundo, este lunes 27 de enero en la Rod Laver Arena



    Tras un 2019 agotador, que la obligó a tomarse un descanso, y un inicio de 2020 titubeante, Garbiñe Muguruza encontró su mejor tenis en el Open de Australia ante Elina Svitolina, la número cinco del mundo, a la que derrotó con contundencia (6-1 y 6-2). En octavos de final, este lunes 27 de enero en la Rod Laver Arena, el reto sigue siendo exigente ante Kiki Bertens.
    La hispanovenezolana se medirá a la número 10 del mundo, que dejó por el camino en la anterior ronda a la kazaja Zarina Diyas en dos sets (2-6 y 6-7). En los seis duelos entre ambas tenistas, domina la holandesa con cuatro victorias, aunque en uno de los triunfos, en Sydney en 2019, Muguruza no disputó el encuentro por problemas estomacales.

    La número 5 del mundo

    Muguruza llega a octavos tras ganar con contundencia a Elina Svitolina


    El último precedente data del pasado octubre en el torneo de Indian Wells, cuando la española se llevó el triunfo en tres sets en la ronda de octavos de final (5-7 6-1 6-4). Con este contexto, el partido empezará tras la finalización del encuentro entre Monfils y Thiem, no antes de las 4.30 horas en la madrugada del lunes en España y se verá por Eurosport.
    Muguruza, que ocupa el puesto 32 del ranking de la WTA, ha llegado al primer Grand Slam del curso tras jugar dos torneos. Empezó el año llegando a las semifinales del Shenzhen Open, cuando cayó ante la rusa Ekaterina Alexandrova, y en el torneo de Hobart, en Australia, no disputó los cuartos de final ante la también rusa Veronika Kudermetova por una infección viral.

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  4. #4
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    Predeterminado Nadal contiene al Kyrgios que el tenis quiere

    El número uno neutraliza a la mejor versión del australiano, serio y sin excentricidades, y desembarca en cuartos: 6-3, 3-6, 7-6 (8) y 7-6 (4), en 3h 38m. Se medirá el miércoles a Thiem (6-2, 6-4 y 6-4 a Monfils)



    En Melbourne hay noticia: a Nick Kyrgios le apetece jugar. Pero jugar de verdad. Tal vez la muerte de su admirado Kobe Bryant le haya hecho pensar o recapacitar, y haya llegado a la conclusión de que el tiempo vuela y de que esto es demasiado corto, breve, fugaz. Carpe diem. Entonces, entre él y Rafael Nadal fabrican un extraordinario espectáculo que se resuelve en un toma y daca decidido a los puntos. El balear vence por 6-3, 3-6, 7-6(8) y 7-6(4), en 3h 38m, y esprinta hacia los cuartos del Open de Australia con el motor a mil revoluciones, con Dominic Thiem esperándole (6-2, 6-4 y 6-4 a Gael Monfils) en un terreno, la superficie dura, todavía extraño para el austriaco.
    Hace frío en la tarde de Melbourne y de inicio en la pista no hay color. Mery, la esposa de Nadal, se protege con una cazadora y se da cacao en los labios mientras su chico va a lo suyo ahí abajo y el juego pone inmediatamente las cosas en su sitio. Kyrgios calienta de dorado, en homenaje a Kobe Bryant, pero la lucidez escasea y enseguida va destiñéndose el díscolo australiano conforme el número uno pelotea, dicta e impone. Hoy gobierna él. Siempre promete un duelo entre los dos, pero este último comenzó muy descompensado, metiendo la sexta marcha Nadal y generando daño desde todos los ángulos.
    En términos de talento, ya lo dice John McEnroe, hay muy pocos jugadores que posean la creatividad de Kyrgios. Sin embargo, el tenis y el deporte, en general, son otra historia. Es el aussie capaz de lo mejor, pero el día a día es imprescindible para no perder el tren, por mucha imaginación y golpes que se tengan. Hay que remar hasta durmiendo. Y en esas, no hay nadie como Nadal, el competidor de las 24 horas y los 365 días al año. Año tras año, segundo a segundo. Arrancó como una centella, impartiendo una clase magistral, y se adjudicó el primer parcial con el equilibrio que demandaba la mañana previa su técnico, Carlos Moyà: servicio, acierto, control.
    El campeón de 19 grandes, aplicado como ninguno, ejerció desde la primera bola en juego y con la primera rotura (3-1) desniveló. En estas circunstancias, Kyrgios se suele dejar ir y así lo temían sus feligreses de la central, temerosos de que se olvidase del tenis y comenzase el show, divertido para algunos pero solo para un rato. Australia mira a su historia y reclama un campeón, otro eslabón. Se le espera eternamente y se tiene la esperanza de que algún día cambiará, pero en esa cabeza hay demasiado desorden. Sin embargo, al chico le gusta llevar la contraria y cuando todo podía haber quedado algo más bien anodino, él cambió el paso. Quería jugar.


    Nadal y Kyrgios se saludan tras el partido. En vídeo, el punto decisivo del partido y las declaraciones posteriores del español. JONATHAN DIMAGGIO (GETTY) / VÍDEO: REUTERS-QUALITY
    En Melbourne hay noticia: a Nick Kyrgios le apetece jugar. Pero jugar de verdad. Tal vez la muerte de su admirado Kobe Bryant le haya hecho pensar o recapacitar, y haya llegado a la conclusión de que el tiempo vuela y de que esto es demasiado corto, breve, fugaz. Carpe diem. Entonces, entre él y Rafael Nadal fabrican un extraordinario espectáculo que se resuelve en un toma y daca decidido a los puntos. El balear vence por 6-3, 3-6, 7-6(8) y 7-6(4), en 3h 38m, y esprinta hacia los cuartos del Open de Australia con el motor a mil revoluciones, con Dominic Thiem esperándole (6-2, 6-4 y 6-4 a Gael Monfils) en un terreno, la superficie dura, todavía extraño para el austriaco.
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    Hace frío en la tarde de Melbourne y de inicio en la pista no hay color. Mery, la esposa de Nadal, se protege con una cazadora y se da cacao en los labios mientras su chico va a lo suyo ahí abajo y el juego pone inmediatamente las cosas en su sitio. Kyrgios calienta de dorado, en homenaje a Kobe Bryant, pero la lucidez escasea y enseguida va destiñéndose el díscolo australiano conforme el número uno pelotea, dicta e impone. Hoy gobierna él. Siempre promete un duelo entre los dos, pero este último comenzó muy descompensado, metiendo la sexta marcha Nadal y generando daño desde todos los ángulos.
    En términos de talento, ya lo dice John McEnroe, hay muy pocos jugadores que posean la creatividad de Kyrgios. Sin embargo, el tenis y el deporte, en general, son otra historia. Es el aussie capaz de lo mejor, pero el día a día es imprescindible para no perder el tren, por mucha imaginación y golpes que se tengan. Hay que remar hasta durmiendo. Y en esas, no hay nadie como Nadal, el competidor de las 24 horas y los 365 días al año. Año tras año, segundo a segundo. Arrancó como una centella, impartiendo una clase magistral, y se adjudicó el primer parcial con el equilibrio que demandaba la mañana previa su técnico, Carlos Moyà: servicio, acierto, control.
    El campeón de 19 grandes, aplicado como ninguno, ejerció desde la primera bola en juego y con la primera rotura (3-1) desniveló. En estas circunstancias, Kyrgios se suele dejar ir y así lo temían sus feligreses de la central, temerosos de que se olvidase del tenis y comenzase el show, divertido para algunos pero solo para un rato. Australia mira a su historia y reclama un campeón, otro eslabón. Se le espera eternamente y se tiene la esperanza de que algún día cambiará, pero en esa cabeza hay demasiado desorden. Sin embargo, al chico le gusta llevar la contraria y cuando todo podía haber quedado algo más bien anodino, él cambió el paso. Quería jugar.
    Apareció ese otro Kyrgios, pocas veces visto, y aceptó el pulso. Otra actitud, nada de numeritos. Ni aspavientos, ni malas palabras ni desidias. No al menos durante los tramos críticos del partido. Otra raqueta hecha añicos, pero nada más allá. Cuerpo a cuerpo. “Remember Acapulco, Nick!”, le recordó un aficionado desde la tribuna, tratando de que echase la vista atrás y revisara en su memoria el triunfo del curso pasado en México. Y así se enderezó, planteando un mano a mano extraordinario. Le arrebató la segunda manga a Nadal y la tercera tuvo un transcurso maravilloso, exponiendo cada uno lo mejor de su repertorio. El australiano sacó todos los conejos de su chistera y el mallorquín repelió el ataque a base de temple y tenis inteligente.

    Se decidiría el duelo “en dos o tres puntos” calientes, casi a un cara o cruz, advertía con mente fría Moyà en la previa. Y el desarrollo le dio la razón.
    El primer nudo de la trama estuvo en el tercer set. En un finísimo ejercicio de equilibrios, Nadal contemporizó y pegó donde había que pegar y cuando había que pegar. Condujo al rival allí donde le interesaba, a ese terreno de lo psicológico que para él es un balneario. Nadie conoce el laberinto como él, rey de la zona límite. Entrada la noche el choque planteó un desempate que podía haber sido una trampa y haber disparado anímicamente al adversario, pero en lugar de eso le dio un sopapo tremendo. Kyrgios cometió una doble falta (5-6) y Nadal también se encontró con la cinta al servicio (6-6), pero a continuación el español, el tipo al que McEnroe se llevaría a una guerra, asestó dos dentelladas que parecían terminales.

    Parecía, porque aún quedaba mucha miga.
    La resolución se decidió igualmente a la foto-finish. Demarró el número uno con un break (2-1) que se adivinaba como definitivo, pero ese Kyrgios que el tenis reclama a gritos, centrado y enérgico, escapó de la encerrona con una réplica (5-5) y un juego en blanco cuando tenía ya la soga al cuello. Sin embargo, Nadal volvió a llevárselo hacia el callejón, a esa dimensión en la que los demás se pierden. Le dejó levantarse y creérselo, para derribarlo acto seguido con puños de plomo y sobresaliente frialdad al saque: segundo desempate, puntada a puntada y golpe a golpe. El australiano derrotado, pero en pie. Palmas para él. “Cuando juega así es una gran noticia para nuestro deporte”, dice Nadal. Así, sí. Y, mientras tanto, el de Manacor volando hacia los cuartos.
    ¿Les suena?

    Fuente: Alejandro Ciriza



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    Predeterminado Nadal contiene al Kyrgios que el tenis quiere

    El número uno neutraliza a la mejor versión del australiano, serio y sin excentricidades, y desembarca en cuartos: 6-3, 3-6, 7-6 (8) y 7-6 (4), en 3h 38m. Se medirá el miércoles a Thiem (6-2, 6-4 y 6-4 a Monfils)




    En Melbourne hay noticia: a Nick Kyrgios le apetece jugar. Pero jugar de verdad. Tal vez la muerte de su admirado Kobe Bryant le haya hecho pensar o recapacitar, y haya llegado a la conclusión de que el tiempo vuela y de que esto es demasiado corto, breve, fugaz. Carpe diem. Entonces, entre él y Rafael Nadal fabrican un extraordinario espectáculo que se resuelve en un toma y daca decidido a los puntos. El balear vence por 6-3, 3-6, 7-6(8) y 7-6(4), en 3h 38m, y esprinta hacia los cuartos del Open de Australia con el motor a mil revoluciones, con Dominic Thiem esperándole (6-2, 6-4 y 6-4 a Gael Monfils) en un terreno, la superficie dura, todavía extraño para el austriaco.
    Hace frío en la tarde de Melbourne y de inicio en la pista no hay color. Mery, la esposa de Nadal, se protege con una cazadora y se da cacao en los labios mientras su chico va a lo suyo ahí abajo y el juego pone inmediatamente las cosas en su sitio. Kyrgios calienta de dorado, en homenaje a Kobe Bryant, pero la lucidez escasea y enseguida va destiñéndose el díscolo australiano conforme el número uno pelotea, dicta e impone. Hoy gobierna él. Siempre promete un duelo entre los dos, pero este último comenzó muy descompensado, metiendo la sexta marcha Nadal y generando daño desde todos los ángulos.
    En términos de talento, ya lo dice John McEnroe, hay muy pocos jugadores que posean la creatividad de Kyrgios. Sin embargo, el tenis y el deporte, en general, son otra historia. Es el aussie capaz de lo mejor, pero el día a día es imprescindible para no perder el tren, por mucha imaginación y golpes que se tengan. Hay que remar hasta durmiendo. Y en esas, no hay nadie como Nadal, el competidor de las 24 horas y los 365 días al año. Año tras año, segundo a segundo. Arrancó como una centella, impartiendo una clase magistral, y se adjudicó el primer parcial con el equilibrio que demandaba la mañana previa su técnico, Carlos Moyà: servicio, acierto, control.
    El campeón de 19 grandes, aplicado como ninguno, ejerció desde la primera bola en juego y con la primera rotura (3-1) desniveló. En estas circunstancias, Kyrgios se suele dejar ir y así lo temían sus feligreses de la central, temerosos de que se olvidase del tenis y comenzase el show, divertido para algunos pero solo para un rato. Australia mira a su historia y reclama un campeón, otro eslabón. Se le espera eternamente y se tiene la esperanza de que algún día cambiará, pero en esa cabeza hay demasiado desorden. Sin embargo, al chico le gusta llevar la contraria y cuando todo podía haber quedado algo más bien anodino, él cambió el paso. Quería jugar.


    Nadal y Kyrgios se saludan tras el partido. En vídeo, el punto decisivo del partido y las declaraciones posteriores del español. JONATHAN DIMAGGIO (GETTY) / VÍDEO: REUTERS-QUALITY
    En Melbourne hay noticia: a Nick Kyrgios le apetece jugar. Pero jugar de verdad. Tal vez la muerte de su admirado Kobe Bryant le haya hecho pensar o recapacitar, y haya llegado a la conclusión de que el tiempo vuela y de que esto es demasiado corto, breve, fugaz. Carpe diem. Entonces, entre él y Rafael Nadal fabrican un extraordinario espectáculo que se resuelve en un toma y daca decidido a los puntos. El balear vence por 6-3, 3-6, 7-6(8) y 7-6(4), en 3h 38m, y esprinta hacia los cuartos del Open de Australia con el motor a mil revoluciones, con Dominic Thiem esperándole (6-2, 6-4 y 6-4 a Gael Monfils) en un terreno, la superficie dura, todavía extraño para el austriaco.
    Hace frío en la tarde de Melbourne y de inicio en la pista no hay color. Mery, la esposa de Nadal, se protege con una cazadora y se da cacao en los labios mientras su chico va a lo suyo ahí abajo y el juego pone inmediatamente las cosas en su sitio. Kyrgios calienta de dorado, en homenaje a Kobe Bryant, pero la lucidez escasea y enseguida va destiñéndose el díscolo australiano conforme el número uno pelotea, dicta e impone. Hoy gobierna él. Siempre promete un duelo entre los dos, pero este último comenzó muy descompensado, metiendo la sexta marcha Nadal y generando daño desde todos los ángulos.
    En términos de talento, ya lo dice John McEnroe, hay muy pocos jugadores que posean la creatividad de Kyrgios. Sin embargo, el tenis y el deporte, en general, son otra historia. Es el aussie capaz de lo mejor, pero el día a día es imprescindible para no perder el tren, por mucha imaginación y golpes que se tengan. Hay que remar hasta durmiendo. Y en esas, no hay nadie como Nadal, el competidor de las 24 horas y los 365 días al año. Año tras año, segundo a segundo. Arrancó como una centella, impartiendo una clase magistral, y se adjudicó el primer parcial con el equilibrio que demandaba la mañana previa su técnico, Carlos Moyà: servicio, acierto, control.
    El campeón de 19 grandes, aplicado como ninguno, ejerció desde la primera bola en juego y con la primera rotura (3-1) desniveló. En estas circunstancias, Kyrgios se suele dejar ir y así lo temían sus feligreses de la central, temerosos de que se olvidase del tenis y comenzase el show, divertido para algunos pero solo para un rato. Australia mira a su historia y reclama un campeón, otro eslabón. Se le espera eternamente y se tiene la esperanza de que algún día cambiará, pero en esa cabeza hay demasiado desorden. Sin embargo, al chico le gusta llevar la contraria y cuando todo podía haber quedado algo más bien anodino, él cambió el paso. Quería jugar.
    Apareció ese otro Kyrgios, pocas veces visto, y aceptó el pulso. Otra actitud, nada de numeritos. Ni aspavientos, ni malas palabras ni desidias. No al menos durante los tramos críticos del partido. Otra raqueta hecha añicos, pero nada más allá. Cuerpo a cuerpo. “Remember Acapulco, Nick!”, le recordó un aficionado desde la tribuna, tratando de que echase la vista atrás y revisara en su memoria el triunfo del curso pasado en México. Y así se enderezó, planteando un mano a mano extraordinario. Le arrebató la segunda manga a Nadal y la tercera tuvo un transcurso maravilloso, exponiendo cada uno lo mejor de su repertorio. El australiano sacó todos los conejos de su chistera y el mallorquín repelió el ataque a base de temple y tenis inteligente.

    Se decidiría el duelo “en dos o tres puntos” calientes, casi a un cara o cruz, advertía con mente fría Moyà en la previa. Y el desarrollo le dio la razón.
    El primer nudo de la trama estuvo en el tercer set. En un finísimo ejercicio de equilibrios, Nadal contemporizó y pegó donde había que pegar y cuando había que pegar. Condujo al rival allí donde le interesaba, a ese terreno de lo psicológico que para él es un balneario. Nadie conoce el laberinto como él, rey de la zona límite. Entrada la noche el choque planteó un desempate que podía haber sido una trampa y haber disparado anímicamente al adversario, pero en lugar de eso le dio un sopapo tremendo. Kyrgios cometió una doble falta (5-6) y Nadal también se encontró con la cinta al servicio (6-6), pero a continuación el español, el tipo al que McEnroe se llevaría a una guerra, asestó dos dentelladas que parecían terminales.

    Parecía, porque aún quedaba mucha miga.
    La resolución se decidió igualmente a la foto-finish. Demarró el número uno con un break (2-1) que se adivinaba como definitivo, pero ese Kyrgios que el tenis reclama a gritos, centrado y enérgico, escapó de la encerrona con una réplica (5-5) y un juego en blanco cuando tenía ya la soga al cuello. Sin embargo, Nadal volvió a llevárselo hacia el callejón, a esa dimensión en la que los demás se pierden. Le dejó levantarse y creérselo, para derribarlo acto seguido con puños de plomo y sobresaliente frialdad al saque: segundo desempate, puntada a puntada y golpe a golpe. El australiano derrotado, pero en pie. Palmas para él. “Cuando juega así es una gran noticia para nuestro deporte”, dice Nadal. Así, sí. Y, mientras tanto, el de Manacor volando hacia los cuartos.
    ¿Les suena?

    Fuente: Alejandro Ciriza



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    Predeterminado Horario y dónde ver el Nadal-Thiem del Abierto de Australia

    Rafael Nadal busca este miércoles las semifinales del Open de Australia ante Dominic Thiem. El número uno del mundo, después de elevar su tenis para superar a Nick Kyrgios, trata de subir otro peldaño en el primer torneo del Grand Slam de la temporada en Melbourne.




    El partido entre el mallorquín y el austríaco supone la reedición de la última final de Roland Garros y será el primero de la sesión nocturna en la pista central de Melbourne Park. En España el partido arrancará alrededor de las 9:30 horas y se podrá seguir a través de Eurosport.

    Por primera vez en su carrera el mallorquín tiene la oportunidad de dar caza a Roger Federer en el palmarés de los títulos más importantes del circuito, pero antes de optar a firmar un nuevo hito en su carrera aún tiene trabajo por delante. También se le plantean dificultades previas para retener la cima del ránking, ya que en Melbourne pone en juego su reinado. Tiene una ventaja de 515 puntos sobre Djokovic, que defiende 2.000 al ser el vigente campeón mientras Nadal 1.200 como finalista de 2019. Para desbancar al manacorí, el serbio debe ganar el título y que el mallorquín no alcance las semifinales.

    A pesar de que la rivalidad entre Rafael Nadal y Dominic Thiem ha ido creciendo en los últimos cinco años como consecuencias de las numerosas veces que se cruzaron en el camino, la realidad es que tan sólo una vez fueron rivales en pista dura.

    El balance también favorece al balear teniendo sólo en cuenta aquel duelo, el más aplicable a la superficie de Melbourne Park, después de que se impusiera a un joven Thiem a pesar de arrastrar molestias en su rodilla que le obligaron a retirarse en el siguiente partido de semifinales ante el argentino Juan Martín Del Potro.

    Sin embargo, el nuevo episodio de una serie que Nadal vence por 9-3 se escribirá este miércoles a orillas del río Yarra en un duelo que se presenta como trepidante por el inmejorable estado de forma en el que llegan ambos.

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    Predeterminado Federer puede llegar tocado a su 50º duelo contra Djokovic

    "No se si se puede hablar de lesión, sino de dolor", dijo Federer, que fue atendido en su partido ante Sandgren. Djokovic tuvo dolor de estómago y problemas con las lentillas.



    "No sé si se puede hablar de lesión, es sólo dolor y problemas. Tengo que ver de qué se trata", dijo Roger Federer cuando le preguntaron por las molestias en el muslo de la pierna derecha que le obligaron a pedir tiempo muerto médico en el tercer set de su épico partido de cuartos del final del Open de Australia contra Tennys Sandgren. El suizo perdía en ese parcial por 3-0, pero al final ganó tras levantar siete puntos de partido en la cuarta manga. Un esfuerzo que puede tener consecuencias de cara a su 50º enfrentamiento con Novak Djokovic, que tendrá lugar el jueves (09:30, Eurosport) en las semifinales de Melbourne.

    "Lo bueno es que entre este partido y el siguiente hay casi dos buenos días para dormir, que me atiendan los médicos, los fisios...", celebró el helvético, que intentará recuperarse lo mejor posible. "Espero que realmente no sea para tanto. Tengo el muslo contraído por jugar mucho, quien sabe si por los nervios, no lo sé", añadió en rueda de prensa. "Noté ya en el segundo set que mi defensa no estaba ahí. Y entonces me enfadé porque noté que tenía dolor. Estuve jugando así un tiempo", explicó Federer, que ha estado ya 12 horas y 38 minutos en pista, mientras que Djokovic acumula 10h:11, más de dos menos.

    Djokovic también padeció

    Djokovic tampoco lo pasó bien del todo en su partido contra Raonic.Tuvo que ausentarse durante unos instantes porque se le habían descolocado las lentillas y no podía ver bien, y también padeció problemas de estómago, "entre otras cosas", según admintió: "Me sentí mal por tener que irme y le pedí perdón a Milos. No fue nada táctico. Realmente necesitaba cambiarme de lentillas, porque estuve jugando con problemas en los ojos.

    Fuente: Nacho Albarrán


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    Predeterminado Thiem derriba a Nadal y el uno queda a merced de Djokovic

    El austriaco, que jugará en semifinales contra Zverev, ganó al español en un partido épico con tres desempates. Si Djokovic levanta el trofeo, volverá a ser líder del ranking.



    Algún día tenía que pasar y ocurrió este miércoles en el Open de Australia. Dominic Thiem, que había perdido dos finales en Roland Garros, otros dos partidos en ese mismo grande y otro en el US Open contra Rafa Nadal, pudo por fin con el número uno del mundo, que tras su derrota podría dejar de serlo si Novak Djokovic levanta otra vez el trofeo el próximo domingo. Para eso tendrá que ganar primero este jueves (09:30, Eurosport) a Roger Federer en las semifinales.


    El austriaco, que se impuso al balear al ganarle tres desempates (7-6 (3), 7-6 (4), 4-6 y 7-6 (8) en cuatro horas y 10 minutos), las jugará también, pero el viernes contra Alexander Zverev, que apeó a Stan Wawrinka. Ya está asegurado que un jugador menor de 27 años se enfrentará a otro del Big Three en la final. Si alguien había demostrado que podía estar cerca de los tres grandes astros del circuito era Thiem, el tipo de tenista que puede ganar a alguien como Nadal (ya lo ha hecho cinco veces, el séptimo que más veces lo ha hecho). En el US Open de 2018, ya le dio un serio aviso al manacori, en un partido que perdió en cinco sets, pero plantando batalla durante casi cinco horas.


    “Se necesita un poco de suerte para ganar a alguien como él”, le dijo a Jim Courier a pie de pista. El Cristiano Ronaldo del tenis, con una potencia de golpeo descomunal y una velocidad multiplicada tras su entrenamiento de pretemporada, de corte militar, en Miami, pudo con un Nadal terrenal, que no jugó mal pero fue durante la mayor parte del partido a remolque y cuando dominó chocó con las defensas hercúleas de su adversario. Se va en cuartos, con 840 puntos menos porque el año pasado cayó en la final ante Djokovic. Dolido tras un inicio de temporada exigente que siguió a un final del curso anterior no menos demandante. Con la sensación de que podía haber llegado más lejos con un poco más de fortuna. Nunca había remontado dos sets en contra en pista dura; esta vez tampoco pudo (0-13). Y nunca había perdido tres tie-breaks en un mismo encuentro.También se acaba su buena racha en majors, ya que había llegado como mínimo a las semifinales en los siete últimos.

    Fuente:
    Nacho Albarrán



    "Ser discutido, es ser percibido"


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