Aunque nació en Bellano (Italia), Borlenghi creció en el Lago de Como. Estudió ingeniería hidráulica y comenzó a sacar fotos por hobby. Las vendía a los armadores sólo para conseguir unas liras extra para las tardes de los sábados en Milán. De repente, el mundo de la foto comenzó a cambiar, aparecieron los patrocinadores, empezó el servicio por comisión... Así se inició la carrera de un mago de la cámara que nunca deja de estudiar, de experimentar nuevos ángulos, nuevas ideas y que, sobre todo, no ha dejado de emocionarse con su trabajo.

Quienes le conocen por primera vez se sorprenden del carácter afable y modesto de quien sin duda es la referencia mundial en fotografía náutica. Un maestro de mente abierta y mirada atenta para inmortalizar el mundo de forma siempre original.

Aparte de colaborar con las mejores revistas del mundo y gestionar una importante agencia fotográfica, Borlenghi lleva más de 20 años unido a la America’s Cup. Comenzó en 1983 con el primer desafío italiano, el Azzurra. Desde entonces, no ha faltado en ninguna ocasión, trabajando para diferentes equipos italianos: Italia (1987), Moro di Venezia (1992), Luna Rossa (2000 y 2003). En la edición de 1995 no hubo desafío italiano, pero Carlo estuvo allí.

Después de tantos años fotografiando a un único equipo, Borlenghi ha pasado “al otro lado”, y hoy es el fotógrafo oficial de la 32ª edición de la America’s Cup.

¿Cuál es la principal diferencia entre trabajar para un equipo y para la organización?
Cuando formas parte de un equipo participas más, y el lado humano juega un papel fundamental. Compartes con ellos la alegría y el dolor, aunque tienes que saber ponerte al margen para hacer tu trabajo y obtener una buena foto en el momento más crítico. Tienes que mantenerte frío... Cuando trabajas para la organización, en cambio, falta la participación emotiva, pero por otro lado tienes una visión más global, eres más libre para experimentar y tienes más opciones a la hora de elegir.

¿Cómo ha cambiado el trabajo del fotógrafo con la era difital?
Ha cambiado muchísimo. La era d_i_g_i_tal premia la cantidad frente a la calidad. Durante las regatas de la 32ª America’s Cup, entre mis asistentes y yo hacemos alrededor de 1.200 fotos al día. Imposible prepararlas todas con mimo. Y esto es aplicable a todos los fotógrafos. Las páginas web van muy rápido y piden las imágenes inmediatamente. Solemos tener muy poco tiempo.

¿La foto d_i_g_i_t_al perdona todo?
Perdona mucho. Yo antes era mucho más conservador, porque no podía permitirme desperdiciar carretes, pero ahora puedo arriesgarme mucho más. Antes de la era d_i_g_i_tal, hace 20 años, gastaba 10 ó 20 carretes por día. Hoy puedo utilizar 200 fotos de 1.200 en cada jornada de trabajo.

¿Con la fotografía d_i_g_i_t_al se ahorra dinero?
No, al contrario, cuesta más. Un fotógrafo profesional está obligado a tener siempre el mejor material, estar a la última, lo que te empuja a adquirir equipo continuamente. Ahora cambio de cámara aproximadamente cada año y medio; antes, lo hacía cada cinco.

¿Blanco y negro o color?
El blanco y negro ya casi no existe. Lo utilizo sólo para mi disfrute personal, para hacer calendarios, para crear en mis ratos libres.

¿La era d_i_g_i_t_al ha mejorado la calidad de los fotógrafos?
En parte, sí. Las nuevas máquinas son casi perfectas y corrigen los errores, aunque la destreza sigue siendo del fotógrafo. Estamos todos en la misma boya, en la misma posición y esperando al mismo barco que llega en el mismo momento, pero al final hay uno que logra, en una fracción de segundo, algo más que los otros: la luz exacta, el enfoque, el mejor ángulo... Eso es lo que marca la diferencia.

¿Es cierto que no sabe nadar?
Muy cierto, y eso me obliga a estar atento. Si no sabes nadar, estás siempre alerta y mantienes la distancia justa y el respeto al mar.

¿Ha estado alguna vez en una situación de peligro?
No, pero en una ocasión pasé dos días a bordo del Club Med (el catamarán con el que Grant Dalton venció The Race en 2001), y verdaderamente no veía la hora de bajarme. Una locura; es como vivir dentro de una lavadora, a una velocidad absurda, sin poder lavarte, comiendo fatal... Ahí fue donde me pregunté, ¿por qué lo hacen?.

Ha inventado una máquina fotográfica que consigue efectos impresionantes a ras de agua...
Al no poder utilizar la máquina subacuática, tenía que inventar algo diferente. En algunas regatas no hay ni una pizca de viento, pero los patrocinadores siguen queriendo buenas fotos. La única posibilidad es crear el efecto especial, la foto artística. Para eso inventé este sistema, que permite obtener un ángulo diferente y espectacular independientemente de las condiciones de viento y mar.

Siempre le acompañan jóvenes asistentes, ¿qué le aportan?

Unos tienen un talento, otros no, pero siempre aprendo de ellos. Los chicos forman parte de mi familia. Me encanta compararme con ellos, son mi punto de contacto con una generación que, al no tener hijos, me resulta muy difícil comprender. A través de ellos entiendo lo que le gusta a la juventud, cómo ven el mundo, qué demanda el mercado. También estudio mucho los videoclips musicales, las revistas de moda... Me indican las pautas, basta saber trasladarlos a la fotografía.

Además, una vez al año organizo una especie de concurso de ideas con ellos. Les entrego unas cuantas fotos y les pido que las modifiquen libremente. Al final, siempre surge algo nuevo e interesante para aplicar en el futuro.

Esta generación de fotógrafos es mucho más interesante que la anterior, porque copia menos e inventa más. Los jóvenes de hoy arriesgan, muestran una increíble atención al detalle y ven las cosas con una mirada diferente, proyectada hacia el futuro. Espero grandes cosas de ellos.

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